Cosas que ver y hacer en Riobamba

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Cuando pensamos en un destino que concentre historia, fe, aventura y paisajes de otro mundo, nos viene a la mente Riobamba. Nosotros, que hemos recorrido sus calles empedradas y sus montañas nevadas, te aseguramos que esta ciudad, capital de la provincia de Chimborazo, es mucho más que un punto de paso.

Aquí, a 2.754 metros de altura, el aire es puro y la luz tiene un tono especial que baña cúpulas coloniales y volcanes imponentes. Si tú buscas una experiencia auténtica en los Andes ecuatorianos, prepara tu cámara y tu espíritu aventurero, porque Riobamba te espera con los brazos abiertos.

Cosas que ver en Riobamba

La ciudad misma es un museo vivo. Cada plaza, cada iglesia y cada mirador cuenta una historia. Nosotros te invitamos a caminar sin prisa, porque lo mejor se descubre cuando dejas que el lugar te hable. A continuación, te detallamos los imperdibles.

1. La Catedral de Riobamba y su Plaza Roja

Catedral de Riobamba
Imagen: Beatrice Murch; https://www.flickr.com/photos/blmurch/

Empezamos por el corazón urbano. La Catedral de San Pedro, con su fachada neoclásica y sus torres gemelas, domina la Plaza Roja (oficialmente llamada Parque Maldonado). Fíjate bien en los leones de bronce que la custodian: son un símbolo de la ciudad.

Nosotros te recomendamos entrar al atardecer, cuando la luz se filtra por los vitrales y el órgano tubular parece cobrar vida. Al salir, siéntate en una de las bancas de la plaza y observa el ir y venir de los quiteños (como se llaman los riobambeños). Verás vendedores de canelazo, niños persiguiendo palomas y ancianos contando historias en voz baja.

2. La Basílica del Sagrario: fe y leyenda

A solo dos cuadras, la Basílica del Sagrario te sorprenderá por su tamaño y su historia. Nosotros siempre recordamos la leyenda que nos contó un guía local: dicen que, en el siglo XVII, una imagen de la Virgen de Guadalupe apareció milagrosamente en una de sus paredes. Hoy, esa imagen es venerada por cientos de fieles.

Tómate un momento para recorrer el Museo de Arte Religioso anexo, donde hay custodias de oro y pinturas de la Escuela Quiteña. Si viajas en abril, no te pierdas las procesiones de Semana Santa: son de una solemnidad que te erizará la piel.

3. El Museo de la Ciudad: pasado indígena y republicano

Museo de la Ciudad
Imagen: David Almeida; https://www.flickr.com/photos/davidalmeida/

Para entender Riobamba, debes conocer sus raíces. El Museo de la Ciudad, instalado en una antigua casona del siglo XIX, tiene una colección fascinante: desde vasijas Puruhá (la cultura preincaica local) hasta la silla de montar del general Simón Bolívar.

Nosotros nos quedamos embobados ante el diorama del terremoto de 1797, que destruyó la antigua Riobamba y obligó a trasladar la ciudad a su ubicación actual. ¿Sabías que ese terremoto cambió la geografía de la región? Así lo cuenta una placa. Dedícale al menos una hora, y si puedes, contrata a un guía del museo: son apasionados y te revelarán anécdotas que no vienen en los folletos.

4. Las estaciones del tren: nostalgia sobre rieles

estaciones del tren
Imagen: Tren Ecuador; https://www.flickr.com/photos/trenecuador/

No podemos hablar de Riobamba sin mencionar el ferrocarril. La Estación del Tren, con su arquitectura de hierro inglés, es un monumento en sí misma. Aunque el famoso Tren de la Nariz del Diablo ya no sale desde aquí (ahora parte de Alausí), la estación alberga un pequeño museo y un café literario.

Nosotros te sugerimos asomarte a los andenes y escuchar de fondo el silbato de algún tren de carga. Es una cápsula de tiempo. Si viajas con niños, les encantará ver la locomotora a vapor restaurada. Y no dejes de leer la placa que recuerda a los obreros que construyeron esta vía férrea a sangre y pico.

Cosas que hacer en Riobamba

Vale, ya has visto los imprescindibles. Pero Riobamba es también acción y sabor. Aquí lo que hacemos es vivir la altura con intensidad. Te contamos nuestras actividades favoritas.

1. Recorrer la Ruta del Hielo del Chimborazo

Esta es una experiencia única en el mundo. A unas dos horas de la ciudad, en los páramos del Chimborazo, todavía viven los últimos hieleros: campesinos que desde hace siglos extraen bloques de hielo glaciar para venderlos en los mercados. Nosotros hicimos esta ruta con un operador local y fue inolvidable.

Tú caminarás por el páramo a más de 5.000 metros, verás cómo cortan el hielo con picos ancestrales y luego lo envuelven en paja. Al final, te ofrecerán un raspado de hielo natural con jugo de frutas. Lleva ropa de abrigo, protector solar alto y agua. Es agotador, pero te sentirás como un explorador del techo del mundo.

2. Degustar la gastronomía de altura en el Mercado La Merced

Para nosotros, ningún viaje está completo sin probar la comida callejera. El Mercado La Merced, a dos cuadras del centro, es el templo del sabor riobambeño. Siéntate en una de las fondas y pide lo siguiente: hornado (cerdo horneado con mote), fritada (trocitos de cerdo fritos con choclo), y para acompañar, un caldo de patas o un locro de papas con aguacate.

De postre, no te vayas sin probar los helados de paila, hechos a mano en un gran tazón de cobre, con sabores como taxo, mora o coco. Nosotros te avisamos: las porciones son generosas. Comparte con algún amigo o prepárate para llevar un tupper.

3. Aventura en bicicleta por la Vía al Chimborazo

Aventura en bicicleta por la Vía al Chimborazo
Imagen: Magda & Maciej; https://www.flickr.com/photos/magda-maciek/

Si eres activo, alquila una bicicleta de montaña (hay varios talleres en la calle Colón) y recorre los primeros kilómetros de la carretera que sube al Chimborazo. No necesitas llegar al refugio; con llegar a la primera reserva de vicuñas es suficiente. El paisaje es una sucesión de pajonales, ríos de deshielo y, si tienes suerte, manadas de llamas y alpacas.

Nosotros lo hicimos una mañana de domingo (menos tráfico) y paramos en un puesto de queso de oveja que vende una señora llamada doña Mercedes. Te aseguro que ese queso con pan de yuca te dará energía para el regreso. Lleva cámara, porque las vicuñas son tímidas pero fotogénicas.

4. Vivir la Fiesta de las Flores y las Frutas (si vas en marzo)

Riobamba tiene una celebración que desborda color y alegría: la Fiesta de las Flores y las Frutas, declarada Patrimonio Cultural. Si tu visita coincide con finales de marzo, no lo pienses dos veces. Nosotros asistimos una vez y aún recordamos el desfile: carrozas cubiertas de orquídeas, comparsas con trajes de frutas gigantes, bandas de pueblo tocando pasacalles, y un ambiente de fiesta total que se extiende a los barrios.

En la noche hay conciertos gratuitos en la Plaza Roja y todo el mundo baila hasta el amanecer. Tú solo tienes que dejarte llevar. Y si no puedes ir en marzo, no te preocupes: las ferias artesanales y las procesiones de Corpus Christi (junio) también tienen su encanto.

5. Escalar al refugio del Chimborazo (solo si estás aclimatado)

Este es el gran desafío. A 4.800 metros, el Refugio Carrel es la base para quienes sueñan con la cumbre del Chimborazo (6.263 m). Nosotros no te recomendamos ascender a la cumbre sin guía y sin semanas de aclimatación, pero llegar al refugio sí es posible para cualquier viajero medianamente saludable.

El camino parte desde el poblado de Atillo (a 1 hora de Riobamba en auto). La caminata es empinada y el aire es muy delgado, pero las vistas de los glaciares y del valle andino te quitarán el aliento (literal y figuradamente). Contrata un transporte turístico que te lleve hasta los 4.300 m y desde allí camina despacio. Lleva coca mate o hojas de coca para el mal de altura. Nosotros te decimos: aunque no llegues al refugio, cada metro en esa montaña merece la pena.

Un consejo final antes de irte

Riobamba no es una ciudad de postal rápida. Nosotros te sugerimos quedarte al menos tres días: uno para recorrer el centro histórico, otro para el Chimborazo y otro para disfrutar de su gente y su comida. Y recuerda, cuando saludes a un quiteño, di “¿cómo está, mijo?” con una sonrisa. Te responderán con calidez. Ahora sí, nosotros ya estamos planeando volver. Tú, mientras tanto, empaca tu abrigo y tus ganas de asombrarte. Te espera un pedazo de los Andes que se queda en el alma.

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