5 Mejores Atractivos naturales de Canta

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Cuando pensamos en escapar del bullicio de Lima, pocos destinos nos resultan tan gratificantes como la provincia de Canta. Ubicada a solo tres horas al norte de la capital, esta tierra andina nos recibe con valles profundos, montañas imponentes y rincones llenos de magia que parecen detenidos en el tiempo. Nosotros mismos hemos recorrido sus caminos y respirado el aire puro de sus lagunas, y queremos contarte por qué Canta debería ser tu próxima aventura.

En este artículo, te guiaremos por los mejores atractivos naturales que guarda esta provincia, esos lugares que no puedes dejar de conocer si realmente amas la naturaleza y buscas desconectar de la rutina. Prepara tu mochila, calza tus botines y acompáñanos a descubrir lo mejor de Canta.

Los atractivos naturales que debes conocer en Canta

A continuación, te presentamos una selección de los paisajes más impresionantes que Canta tiene para ofrecerte: la Laguna de Ñahuimpuquio, el Bosque de Piedras de Huamantanga, la Cascada Velo de Novia en Arahuay, las Aguas Termales de Collpa y el imponente Cañón del Infiernillo. Cada

1. Laguna de Ñahuimpuquio: el espejo de agua sagrada

Laguna de Ñahuimpuquio
Imagen: marssipa; https://www.flickr.com/photos/marssipa/

Si hay un lugar que nos robó el aliento en nuestra primera visita a Canta, ese fue sin duda la Laguna de Ñahuimpuquio. Situada a solo 15 minutos del centro de la ciudad de Canta, esta laguna de origen andino se caracteriza por sus aguas turquesas y cristalinas, rodeadas de totoras y una vegetación que invita al descanso.

Cuenta la leyenda local que sus aguas tienen propiedades curativas y que en épocas preincaicas era considerada un huaca (lugar sagrado). Cuando tú te acerques a sus orillas, notarás la calma que transmite el lugar: el único ruido es el canto de las aves y el suave viento que ondula la superficie.

Te recomendamos llevar una cámara, porque los reflejos de los cerros en el agua crean postales que parecen sacadas de un sueño. Además, podrás alquilar un bote de remos para recorrerla o simplemente sentarte en la zona de descanso a contemplar el paisaje. Nosotros solemos ir en horas de la mañana, cuando la luz acaricia el valle y los colores son más intensos. No olvides llevar agua y algún snack, pues no hay puestos de venta justo al borde de la laguna.

2. Bosque de Piedras de Huamantanga: un laberinto de rocas milenarias

A media hora desde Canta, en el distrito de Huamantanga, se alza uno de los caprichos geológicos más fascinantes de la región: el Bosque de Piedras. Imagínate caminar entre formaciones rocosas que parecen esculturas abstractas, algunas con formas de animales, otras de rostros humanos o torres naturales.

Nosotros nos quedamos asombrados al descubrir cómo la erosión del viento y la lluvia ha tallado estas piedras durante millones de años. Cuando tú explores este laberinto de rocas, sentirás que has llegado a otro planeta. El acceso requiere una caminata moderada de unos 40 minutos desde el pueblo de Huamantanga, pero cada paso vale la pena. Te sugerimos ir con calzado adecuado, porque el terreno es irregular, y llevar bloqueador solar, pues a esa altitud (cerca de los 3500 m s. n. m.) el sol pega fuerte. Además, si eres amante de la fotografía, las sombras que se proyectan al atardecer convierten el bosque en un escenario mágico. Nosotros solemos combinar esta visita con un recorrido por el pueblo de Huamantanga, famoso por su iglesia colonial y su delicioso pan de chicha.

3. Cascada Velo de Novia de Arahuay: un manto de agua entre la montaña

Cascada Velo de Novia de Arahuay

Para los que aman el sonido del agua cayendo y la frescura de los microclimas, la Cascada Velo de Novia, ubicada en el distrito de Arahuay, es una parada obligada. Esta cascada de aproximadamente 25 metros de altura recibe su nombre por la forma delicada y blanca que adopta al caer entre las rocas cubiertas de musgo.

El acceso es parte de la aventura: desde el pueblo de Arahuay, tendrás que caminar unos 30 minutos por un sendero rodeado de árboles frutales y pequeñas quebradas. Te aconsejamos ir temprano, antes de que el sol caliente demasiado, y llevar traje de baño si te animas a darte un chapuzón en la poza natural que se forma al pie de la cascada. El agua está fría, pero después de la caminata resulta revitalizante.

Nosotros siempre recomendamos respetar el entorno: no dejes basura y evita hacer ruido excesivo para no espantar a las aves que habitan la zona. Si visitas Arahuay entre diciembre y marzo, el caudal de la cascada es mayor, pero el sendero puede estar resbaladizo, así que ten cuidado. Y ya que estás ahí, prueba las chirimoyas y las tunas que venden los lugareños: son exquisitas.

4. Aguas Termales de Collpa: un baño curativo en plena naturaleza

Termas de Collpa

Después de tanto caminar, tu cuerpo merece un descanso reparador, y qué mejor manera que sumergirte en las Aguas Termales de Collpa. Este complejo de pozas naturales, ubicado a unos 20 minutos de la ciudad de Canta, brota directamente de la tierra con temperaturas que oscilan entre los 38 °C y los 45 °C. Las aguas, ricas en minerales como azufre, calcio y magnesio, son conocidas por aliviar dolencias musculares, el estrés y afecciones de la piel.

Cuando tú te metas en esas pozas, con el rumor del río Chillón de fondo y la vista de los cerros verdes, entenderás por qué los viajeros repetimos una y otra vez. Nosotros te sugerimos llegar en la tarde, cuando el sol empieza a bajar y la temperatura ambiente se vuelve más fresca; así el contraste con el agua caliente es aún más placentero. El lugar cuenta con vestidores y pequeñas piscinas privadas, pero te recomendamos llevar tu propia toalla y sandalias. El costo de ingreso es muy accesible (alrededor de 5 a 10 soles) y hay zonas de parrilla si quieres pasar el día completo haciendo un picnic. No olvides hidratarte bien, pues el calor del agua puede deshidratarte sin que lo notes.

5. Cañón del Infiernillo: la grandeza geológica que te dejará sin aliento

Guardamos para el final el más imponente de los atractivos: el Cañón del Infiernillo. Situado en la ruta que une Canta con la sierra de Lima, este cañón es una grieta profunda excavada por el río Chillón a lo largo de milenios. Sus paredes verticales superan los 300 metros de altura en algunos tramos, y los tonos rojizos, ocre y grises de las rocas crean un paisaje casi lunar.

Para que tú puedas apreciarlo en todo su esplendor, existe un mirador natural a la altura del kilómetro 85 de la carretera Canta-Huayllay. Nosotros te aconsejamos detenerte allí, tomar aire y contemplar el abismo; la sensación de pequeñez ante la naturaleza es indescriptible.

Si eres más aventurero, puedes descender por un sendero no señalizado (siempre con guía local) hasta el fondo del cañón, donde el río forma pequeñas pozas de aguas verdes. Pero cuidado: el terreno es escarpado y requiere buena condición física. Lo más sencillo y seguro es disfrutar desde el mirador, especialmente al atardecer, cuando el sol pinta las paredes de naranja y rojo. Lleva abrigo, pues el viento suele ser fuerte, y no te asomes demasiado al borde. El Cañón del Infiernillo es el recordatorio perfecto de que Canta no solo es un destino de descanso, sino también de asombro.

 

Como has visto, Canta es mucho más que un pueblo bonito cerca de Lima. Es un territorio donde el agua, la piedra y la vegetación se combinan para ofrecerte experiencias que van desde la relajación total hasta la aventura más extrema.

Nosotros te invitamos a que organices tu próxima escapada con tiempo, respetes los horarios de luz solar (las carreteras pueden ser sinuosas) y, sobre todo, cuides cada uno de estos paraísos naturales.

Lleva siempre tus residuos de vuelta, no extraigas plantas ni piedras, y apoya a los emprendimientos locales. Así, las futuras generaciones también podrán maravillarse con estos tesoros. ¿Te animas a descubrir Canta? El camino te espera.

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